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Christopher Nolan y su viaje de ida y vuelta con La Odisea: más que un rodaje, una obsesión de tres décadas

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Christopher Nolan’s many odysseys: How the filmmaker’s latest epic draws on his nearly three-decade career.

Christopher Nolan y su viaje de ida y vuelta con La Odisea: más que un rodaje, una obsesión de tres décadas

Vale, colega, siéntate que te voy a contar lo que es tener a Christopher Nolan dándole vueltas a la misma idea durante treinta años. No es coña. El tío ha hecho pelis de superhéroes, de ciencia ficción, de guerra, de espías, de bombas atómicas... y al final, todo el rato estaba contando lo mismo: un tío intentando volver a casa. Y ahora, con su nueva movida, La Odisea, ha dicho: 'Vale, me rindo, voy a hacerlo oficial'. Y lo ha hecho a lo grande.

Que no te engañen los tráilers ni las críticas que hablan de 'epopeya visual' y 'viaje del héroe'. Esto es mucho más retorcido. La peli empieza como acaban todas las suyas: con un montaje de voces en off, imágenes que saltan en el tiempo, y un tío (en este caso Travis Scott, sí, el rapero, haciendo de bardo) que te suelta el rollo mientras da golpes en la mesa. Es como si Nolan te dijera: 'Tranquilo, ya sabes cómo acaba esto, pero te voy a liar la cabeza igualmente'. Y vaya si lo hace.

El regreso a casa como única obsesión

Mira, desde Memento (que ya era un viaje de ida y vuelta mental), pasando por Origen (donde Cobb solo quería volver con sus hijos), hasta Interstellar (un padre cruzando agujeros de gusano para llegar a su hija), Nolan ha estado haciendo la misma peli una y otra vez. La diferencia es que ahora, con La Odisea, ha ido a la fuente original. Homero escribió esto hace casi 3.000 años, y el cabrón de Nolan ha tardado tres décadas en darse cuenta de que él también llevaba todo ese tiempo contando la misma historia.

Lo flipante es cómo ha metido su sello personal en el texto clásico. No es una adaptación al uso, es Nolan imponiendo su visión. La Odisea no es solo el viaje de Ulises (Matt Damon, que está enorme), es también el viaje de Nolan como cineasta. Cada escena parece un guiño a su propia filmografía: las peleas cuerpo a cuerpo recuerdan a Dunkerque, los juegos temporales a Tenet, y la paranoia de los dioses (sí, salen dioses, y son una mezcla entre lo divino y lo burocrático) tiene ese toque de Oppenheimer donde los personajes se enfrentan a fuerzas que no controlan.

Política sin etiquetas, pero con mala leche

Nolan nunca ha sido un director político en el sentido de 'vota a este partido', pero sus pelis están llenas de ansiedad política. En El caballero oscuro nos hablaba del estado de vigilancia, en Interstellar del colapso ecológico, y en Tenet de cómo el tiempo es un arma de control. Pues aquí, en La Odisea, la política es más sutil pero igual de retorcida: Ulises no solo lucha contra monstruos, sino contra un sistema de dioses que deciden su destino como si fueran burócratas cósmicos. Hay una escena donde Atenea y Poseidón discuten el viaje de Ulises como si fueran ejecutivos decidiendo un presupuesto. Es brutal.

Y luego está el tema de la verdad. Nolan siempre ha jugado con la idea de que la realidad es relativa, que todos nos mentimos a nosotros mismos para seguir adelante. En La Odisea, Ulises se engaña constantemente: cree que puede volver a casa sin ensuciarse las manos, pero cada isla, cada monstruo, le obliga a mancharse. Es como si Nolan nos dijera: 'Tío, no hay camino de vuelta limpio. Acepta el caos'.

172 minutos de puro Nolan

La peli dura 172 minutos, que es una burrada, pero no se nota. Porque Nolan ha aprendido a jugar con el tiempo como nadie. Las escenas se mezclan, los puntos de vista chocan, y todo lleva a un clímax que no es el final de la Odisea, sino el final que Nolan quiere. Y ojo, que hay spoilers gordos: el regreso a Ítaca no es un final feliz, es un comienzo. Como en Origen, como en Memento. El círculo se cierra, pero se abre otro.

¿Es la mejor peli de Nolan? No sé, tío. Depende de lo que busques. Si quieres acción trepidante, Tenet te parte la cabeza. Si quieres drama emocional, Interstellar te hace llorar. Pero si quieres entender cómo funciona la mente de este tío, cómo ha ido construyendo su obsesión durante 30 años, La Odisea es la clave de todo. Es como si hubiera estado ensayando toda su carrera para llegar aquí.

Lo mejor es que no es una peli para fans de Homero ni para fans de Nolan. Es para los que quieren ver a un director en su momento más puro, más sincero, más Nolan. Y sí, Matt Damon está genial, pero el verdadero protagonista es el viaje. El viaje de Ulises, el viaje de Nolan, y el viaje de todos nosotros intentando volver a casa, aunque no sepamos muy bien qué significa 'casa'. Porque al final, como dice la peli, 'el hogar no es un lugar, es una mentira que te cuentas para no rendirte'. Y eso, colega, es puro Nolan.

Según ha adelantado el medio IGN.

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