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El 'crecimiento sin empleo' ya está aquí: la generación Z se enfrenta al mercado laboral más hostil de la historia

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Hubo un tiempo en el que buscar tu primer empleo era una tarea que daba vértigo pero era medianamente asumible.

El 'crecimiento sin empleo' ya está aquí: la generación Z se enfrenta al mercado laboral más hostil de la historia

Hubo un tiempo en el que buscar tu primer empleo era una tarea que daba vértigo pero era medianamente asumible. Los jóvenes sabían que, con esfuerzo y algo de paciencia, acabarían encontrando una oportunidad para empezar a construir su carrera. Sin embargo, ese escenario se ha ido tiñendo de negro hasta llegar al punto actual: a la generación Z el acceso al mundo laboral se les está atragantando de una manera que no tiene precedentes.

Según los datos más recientes, el 92% del personal de recursos humanos considera que los jóvenes no están preparados para incorporarse al mercado de trabajo. Esta percepción no es fruto de la casualidad, sino de una combinación de factores que están transformando radicalmente la economía global. Por un lado, la inteligencia artificial está recortando sistemáticamente esos puestos junior que tradicionalmente servían como puerta de entrada para los recién titulados. Las máquinas ya son capaces de realizar tareas que antes requerían meses de formación y supervisión, lo que reduce la necesidad de contratar personal inexperto.

Paradójicamente, la generación Z es la que mejor maneja la inteligencia artificial. Han crecido con ella, la integran en su día a día y la utilizan con una naturalidad que asombra a sus mayores. Sin embargo, esa habilidad no se traduce en ventajas laborales, porque las empresas prefieren automatizar directamente los procesos en lugar de invertir en formar a jóvenes que, además, no priorizan el salario como factor principal a la hora de elegir empleo. Para ellos, el propósito, la flexibilidad y el equilibrio vital pesan más que el dinero, pero ese perfil choca con las expectativas de unos empleadores que buscan productividad inmediata.

Podría pensarse que con el tiempo y la experiencia el panorama cambiaría a mejor, que una vez superada la primera barrera los jóvenes encontrarían su sitio. Pero la realidad es tozuda: una de las corporaciones financieras más importantes del mundo, Goldman Sachs, ha lanzado un mensaje que va a caer como una losa sobre las nuevas generaciones. Según su último informe, el 'crecimiento sin empleo es la nueva normalidad'. Esto significa que la economía puede seguir expandiéndose, los beneficios empresariales pueden aumentar y el PIB puede crecer, pero todo ello sin que se generen nuevos puestos de trabajo. Y, lo que es peor, destruyendo los pocos que quedan para los jóvenes.

Esta tendencia afecta de manera especialmente cruel a los menores de 30 años, que se ven atrapados en un círculo vicioso: no consiguen trabajo porque no tienen experiencia, y no adquieren experiencia porque no hay trabajo. La tecnología, lejos de ser una aliada, se convierte en una competidora implacable. Incluso sectores que hasta ahora habían sido refugio para los recién llegados, como el comercio minorista o la atención al cliente, están siendo automatizados a un ritmo vertiginoso.

Las consecuencias sociales de este fenómeno son preocupantes. Una generación entera corre el riesgo de quedar marginada del mercado laboral formal, lo que alimenta la precariedad, la frustración y la desconfianza en las instituciones. La promesa de que estudiando y esforzándose se conseguiría un futuro mejor se desvanece ante la evidencia de que el crecimiento económico ya no garantiza empleo para todos. Los jóvenes se enfrentan a un escenario inédito, donde la competencia no es solo con otros humanos, sino con algoritmos que nunca se cansan, nunca piden aumento y nunca se quejan.

En este contexto, la generación Z tendrá que reinventar su relación con el trabajo, buscar nuevas fórmulas de inserción laboral y presionar para que las políticas públicas aborden esta emergencia. Mientras tanto, el mensaje de Goldman Sachs resuena como un aviso: la era del crecimiento sin empleo ha llegado para quedarse, y los jóvenes son los primeros en pagar el precio.

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