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Pantallas plegables de 7 pulgadas: ¿revolución o truco de marketing?

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Pantallas plegables de 7 pulgadas: ¿revolución o truco de marketing?

Pantallas plegables de 7 pulgadas: ¿revolución o truco de marketing?

Vale, colega, vamos a hablar de esos cacharros que se doblan y que cuestan más que un coche de segunda mano. Sí, me refiero a los smartphones plegables de 7 pulgadas. Porque, claro, no teníamos suficiente con pantallas cada vez más grandes, ahora resulta que las queremos partidas por la mitad. Y yo me pregunto: ¿esto es el nuevo estándar o simplemente un capricho para que los de siempre saquen más pasta?

El tamaño sí importa (o eso dicen)

Primero, lo evidente: 7 pulgadas. Eso es más grande que la mayoría de tablets pequeñas. ¿De verdad necesitas eso en el bolsillo? ¿O es solo para poder decirle a tu cuñado que tu móvil es más grande que su tablet? Porque seamos sinceros, el 90% del tiempo lo usas para mirar memes y WhatsApp. Y para eso, con 6 pulgadas va de sobra.

Pero ojo, que no digo que no tenga su aquel. Cuando te pones a leer un PDF o a ver una serie, la pantalla grande se agradece. El problema es que luego tienes que llevarlo en la mano como si fuera un sándwich gigante, y no sabes si ponerlo en el bolsillo del pantalón o en una riñonera. La ergonomía brilla por su ausencia.

La experiencia plegable: ¿innovación o parche?

Y luego está el tema de la bisagra. Esa pieza que se dobla y se desdobla como si fuera un chicle. Al principio es divertido, parece magia. Pero a las dos semanas, empiezas a oír un crujido sospechoso y te preguntas si mañana se va a partir en dos. La durabilidad es una lotería, y no precisamente con premio gordo.

Además, la pantalla tiene ese pliegue en el centro que se ve y se siente. Es como tener una arruga permanente en tu pantalla. ¿Y sabes qué? Que no se va. Lo aceptas o te compras otra cosa. Y si se te cae, prepárate para llorar con el precio de la reparación, que probablemente supere el salario mínimo interprofesional.

El precio: la patada en la cartera

Hablemos de dinero, porque aquí es donde la cosa se pone seria. Estos cacharros no bajan de los 1.500 euros. Y por ese precio, podrías comprarte un buen portátil, una tablet y un móvil normal, y aún te sobraría para invitar a cenar a alguien. ¿Merece la pena pagar tanto por una pantalla que se dobla? Solo si te sobra el dinero y te gusta ser el conejillo de indias de las grandes marcas.

Porque, seamos honestos, los fabricantes los venden como el futuro, pero lo que quieren es que pagues por una tecnología que todavía está en pañales. Eres un beta tester con cartera, y encima contento.

El futuro: ¿estándar o humo?

¿Serán los plegables el estándar en unos años? Puede. Si bajan los precios, mejoran la durabilidad y la bisagra deja de sonar como un crujido de rodillas, quizá hasta me lo planteo. Pero ahora mismo, son un lujo para presumir y una excusa para que los analistas tecnológicos hablen de ellos en sus vídeos.

Mi consejo: si tienes curiosidad, espera a la tercera o cuarta generación. O mejor, cómprate un móvil normal y una tablet barata. Te ahorrarás un buen pico y más de un disgusto. Y si aun así quieres uno, al menos que sea con la excusa de que es para trabajar, que queda mejor que decir que es para jugar al Candy Crush con más pantalla.

En resumen: los plegables de 7 pulgadas son un experimento caro, con más sombras que luces. Pero oye, si te gusta vivir al límite y tu cuenta corriente lo permite, allá tú. Solo recuerda que cuando se rompa, no digas que no te avisé.

Fuentes: Análisis de tendencias de Google Trends (2024), informes de ventas de IDC (primer trimestre 2025), opiniones de usuarios en Xataka y Forocoches.

Fuentes: Análisis de tendencias de Google Trends (2024), informes de ventas de IDC (primer trimestre 2025), opiniones de usuarios en Xataka y Forocoches.

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