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Xbox se prepara para otra ronda de despidos mientras su CEO pide un 'reset' interno

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Mira, tío, no sé si te acuerdas de cuando Xbox prometía ser la casa de todo, con Game Pass, con los estudios de Bethesda y Activision Blizzard comprados a lo grande, con Phil Spencer sonriendo en cada

Xbox se prepara para otra ronda de despidos mientras su CEO pide un 'reset' interno

Mira, tío, no sé si te acuerdas de cuando Xbox prometía ser la casa de todo, con Game Pass, con los estudios de Bethesda y Activision Blizzard comprados a lo grande, con Phil Spencer sonriendo en cada E3. Pues eso se está torciendo. Resulta que, según ha trascendido por ahí, la compañía está planeando otra tanda de despidos. Sí, otra. Y no es un rumor de pasillo: el propio CEO ha soltado en una reunión interna que necesitan un 'reset' de Xbox. Vamos, que quieren resetear la consola, pero no la de juegos, sino la empresa entera.

Y no me malinterpretes, no es que me alegre de que la gente pierda el curro, que es una putada. Pero llevamos años viendo cómo Microsoft se ha ido transformando en esa bestia corporativa que compra todo lo que se mueve y luego se da cuenta de que no sabe gestionarlo. Ahora, según fuentes internas, han dicho a los empleados que tienen que 'reevaluar las prioridades de inversión para los próximos cinco años' y que se han vuelto 'demasiado dependientes de proveedores externos para operar sus sistemas'. Traducción: han externalizado hasta la hora del café y ahora quieren volver a hacer las cosas en casa, pero a costa de quienes estaban fuera.

Esto no es un capricho. Xbox lleva tiempo en una especie de crisis de identidad. Por un lado, tienen Game Pass, que es un puto éxito de suscripciones, pero que no termina de ser rentable como esperaban. Por otro, han soltado juegazos como Starfield o Hi-Fi Rush, pero luego los cierran estudios como Tango Gameworks, los creadores de este último, en un movimiento que parecía de manual de cómo cabrear a tus fans. Y ahora, con la compra de Activision Blizzard, se han comido un mastodonte que tiene más capas de gestión que una cebolla. El resultado: una empresa que no sabe si ser estudio de desarrollo, plataforma de juegos o servicio de streaming.

Lo que me jode es que esto huele a déjà vu. ¿Te acuerdas de cuando Microsoft compró Nokia? Fue un desastre: despidos masivos, pérdidas millonarias y al final se cargaron la división. ¿Y qué pasó con la compra de LinkedIn? Bueno, esa fue más discreta, pero tampoco es que haya cambiado el mundo. Ahora, con Xbox, parece que repiten el patrón: compran a lo bestia, intentan integrar, y cuando la cosa no cuadra, echan a gente. Pero ojo, que esta vez el contexto es diferente: el mercado de los videojuegos está más jodido que nunca, con inflación, tipos de interés altos y una competencia feroz de PlayStation y Nintendo. Xbox no puede permitirse otro tropiezo.

La clave aquí es ese 'reset' del que habla el CEO. Porque resetear no es lo mismo que mejorar. Resetear es volver a cero, y en una empresa con 20.000 empleados, volver a cero significa que muchos se quedan fuera. Y no solo eso: significa que los proyectos que estaban en marcha, como esos juegos exclusivos que tanto prometían, pueden caerse. ¿Te acuerdas de Scalebound? ¿O de Fable Legends? Son fantasmas del pasado que demuestran que Xbox tiene una tendencia a cancelar cosas cuando se pone nerviosa.

Pero también hay un tema más profundo: la dependencia de proveedores. Resulta que Xbox ha estado usando empresas externas para gestionar sus servidores, su nube, su infraestructura. Y ahora dicen que quieren ser más autosuficientes. Suena bien, ¿no? Hacer las cosas en casa, controlar todo. Pero en la práctica, eso significa que los puestos de esos proveedores se van a eliminar y que los empleados internos tendrán que asumir más curro. Y si además hay despidos, la moral se va a la mierda. Es una jugada típica de las grandes tecnológicas: recortar para ser más 'ágiles', pero en realidad es para contentar a los inversores.

Y hablando de inversores, no te olvides de que Microsoft tiene que responder a Wall Street. Han gastado 69.000 millones de dólares en Activision Blizzard, y los accionistas quieren ver resultados ya. Pero los juegos no son como las suscripciones de Office; tardan años en desarrollarse, y los márgenes no son tan altos. Así que, para cuadrar las cuentas, toca recortar donde se pueda: despidos, cierre de estudios, reducción de proyectos. Es la lógica del capitalismo salvaje aplicada a los videojuegos, y nos jode a todos.

Lo que me pregunto es: ¿dónde queda Phil Spencer en todo esto? El tío ha sido la cara amable de Xbox, el que prometía que los juegos llegarían, que Game Pass era el futuro. Pero si el CEO está pidiendo un reset, es que Spencer no ha podido evitar el desastre. O peor: que el reset incluye cambiar de estrategia, y eso puede significar que Phil pierda poder. No sería la primera vez que un directivo se lleva la culpa de los errores de arriba.

En fin, que el panorama es gris. Xbox lleva años intentando competir con PlayStation, pero siempre llega tarde: en exclusivos, en servicios, en todo. Ahora, con esta reestructuración, pueden perder el poco impulso que tenían. Y mientras, los jugadores nos quedamos con la incertidumbre de si esos juegos que esperamos van a salir o si los van a cancelar por un reset de mierda.

Según ha adelantado el medio GamesIndustry.

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